1.- Vida y obras
CONTEXTO HISTÓRICO
Nietzsche nace el 1844 en Röcken, en la Turingia sajona unida a Prusia, y muere en 1900. En este periodo de tiempo, Prusia se refuerza como potencia hegemónica contra Francia, y se produce la unificación de Alemania, precisamente cuando publica su obra Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.
En 1815, con la derrota de Napoleón, Prusia se anexionó Renania, según lo establecido en el Congreso de Viena, y los príncipes alemanes crearon la Confederación Germánica de 39 estados independientes en todo, menos en la política exterior. Dentro de estos estados, Austria y Prusia se perfilaban como dominantes, lo que creó una tensión entre ambos. En 1834, Prusia instauró la Unión Aduanera del Norte de Alemania (Zollverein), de la que Austria quedó excluida. Esta unión duplicó el comercio y aumentó la preponderancia de Prusia en el mundo alemán y en Europa. No obstante en 1864 Austria y Prusia estuvieron aliadas en la Guerra de los ducados. El ducado de Holstein quedó bajo dominio de Austria y los de Schleswig y Lauenburg bajo el de Prusia; sin embargo no cesaron las tensiones entre ambas potencias.
Con la llegada del canciller Otto von Bismark, se inicia una importante estrategia, para aislar a Francia y sustituir su hegemonía en Europa, por la Hegemonía Germana, derivada de la unión de los estados de habla alemana, liderados por Prusia, que mantenía el mejor ejército de Europa. En octubre de 1865, Bismark consigue del emperador francés Napoleón III, que Francia se mantenga neutral ante un previsible conflicto entre Austria y Prusia.
La disputa entre Austria y Prusia por la hegemonía de la unificación alemana se resolvió en 1866, con la victoria de Prusia en la Guerra de las siete semanas. La unificación se llevó a cabo en torno a la Confederación de la Alemania del Norte, concebida por Bismarck. El Reichstag se inauguró en 1867. En 1870 surge la guerra franco-prusiana. La victoria definitiva lograda por Prusia sobre los ejércitos de Napoleón III, fue la cúspide que permitió la efectiva unificación de Alemania bajo el Segundo Reich, II Imperio alemán, liderado definitivamente por Prusia. El rey Guillermo I se convirtió en el Kaiser Guillermo I de Alemania, en la Sala de los espejos del palacio de Versalles, el 18 de Enero de 1871.
Nietzsche, que había colaborado voluntariamente en la guerra franco-prusiana, apoyó a Bismarck, artífice de la unificación y canciller imperial, durante su época de profesor de filología en Basilea.
Bismarck tuvo el control de la política interior y exterior de la nueva Alemania, en la que el Reichstag, (cámara baja del Parlamento), -constituido por cuatrocientos diputados elegidos por sufragio universal masculino-, votabae el presupuesto y las leyes que debían ratificarse en el Bundesrat o Consejo Federal con representación de todos los estados, aunque dominado por Prusia, es decir, por los antiguos junkers, aristócratas terratenientes, quienes se aliaron con los industriales acaudalados para mantener sus privilegios, frente a las fuerzas socialistas y progresistas surgidas a raíz de la industrialización y modernización de Alemania.
En esos momentos Alemania era uno de los países más industrializados de Europa. En el último decenio del siglo XIX se incrementó su producción industrial debido a su preponderancia socio – política y también gracias a sus relaciones con Inglaterra. Si bien es verdad que Nietzsche fue contrario al racionalismo del Estado, sin embargo es indudable que la exaltación del Imperio Alemán influyó poderosamente en su concepción de la verdad como un acuerdo social, tema fundamental del texto, y sobre todo en el nihilismo, como transmutación de los valores tradicionales y expresión de la decadencia de Occidente, así como su afirmación del vitalismo y del superhombre. Es verdad que el discurso nietzscheano es bastante simbólico y permite incluso interpretaciones contrarias, pero en esa época histórica muchos intelectuales -incluido nuestro autor- tenían grandes expectativas sobre el nuevo Imperio alemán, que venía a continuar el Sacro Imperio Romano Germánico o primer imperio de la Edad Media, que equivalía al I Reich (800 – 1806).
Desde el punto de vista sociocultural y filosófico el siglo XIX, está fuertemente condicionado, por las consecuencias de la Ilustración alemana (Aufklärung), y especialmente de su gran pensador Kant; su filosofía es a la vez racionalista e iluminista, la razón es la única guía posible pero al mismo tiempo tiene unos límites precisos. En la Crítica de la razón pura, declara la imposibilidad de conocer las cosas como son en sí, (das Ding an sich), crítica que extiende asimismo a la moral y a la religión, en sus obras, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Crítica de la razón práctica y La religión en los límites de la razón. Éste fue el aspecto que más polémica generó en Alemania. Muchos intelectuales y filósofos intentaron transponer estos límites abriendo nuevas vías de investigación. Los primeros fueron los integrantes del pre-romanticismo alemán, conocido como Sturm und Drang, en español, Tempestad e ímpetu. Con este nombre, tomado de un drama de Masimilian Klinger, se identificó un movimiento filosófico y literario que reconoce los límites de la razón, pero pretende trascenderlos a través de la experiencia mística y la fe. Sus principales representantes son: Jacobi, Hartmann, Herder y los poetas Schiller y Goethe.
Este movimiento fue precursor del romanticismo, marco intelectual y filosófico, donde se desarrolla el pensamiento nietzscheano.
Los románticos vieron en la razón humana una fuerza infinita, capaz de conocer la totalidad, lo absoluto. Unos, como Fichte, Schelling y Hegel, entendieron la infinitud de la conciencia como una actividad racional necesaria y dialéctica; otros como Schleiermacher, Schlegel, Tisch y Novalis, entendieron esa infinitud, como una actividad libre, privada de una determinación rigurosa, que identificaban con el sentimiento.
En la segunda mitad del siglo, se produjo un fuerte rechazo al romanticismo, en particular al idealismo hegeliano, en varias perspectivas.
a. Desde el materialismo de la izquierda hegeliana, Feuebarch con su concepto de «alienación religiosa», y desde el materialismo histórico de Marx, que critica el fraude hegeliano de interpretar las producciones del espíritu -superestructura- sin advertir su soporte económico, basado en la injusticia social -superestructura-.
b. Desde un materialismo positivo, que, tomando como paradigma los descubrimientos científicos, critica como ilusoria la metafísica hegeliano, es el positivismo por ejemplo de Augusto Comte.
c. Desde un individualismo pesimista que interpreta el mundo como la expansión de una voluntad cósmica. Es la postura de Schopenhauer.
Nietzsche enlaza más directamente con esta última perspectiva, cuando habla en el texto de la «ilusión de la verdad», critica el idealismo hegeliano y el conceptualismo.
También critica el materialismo histórico y especialmente el socialismo, debido fundamentalmente a su visión igualitarista. Sin embargo hay que reconocer cierta semejanza entre el concepto de alienación religiosa de Feuerbach, y el tema nietzscheano de la muerte de Dios, como expresión suma del nihilismo. Respecto al positivismo, Nietzsche en realidad sintió gran interés por las ciencias, especialmente por la biología, el evolucionismo de Darwin y el neodarwinismo.
Sin embargo la genialidad del pensamiento de Nietzsche, se desmarca de todas las corrientes de su época, incluso de las más críticas. Su formación clásica y sus dos símbolos: Apolo y Dioniso, le sirvieron para pensar la cultura griega con nuevas categorías y sobre todo para elaborar una nueva perspectiva original y trágica, cuya influencia pervive hasta nuestros días.
Resumen
Friedrich Wilhelm Nietzsche nació el 15 de Octubre de 1844 en Röcken, Alemania. Fue criado en un ambiente puritano de mujeres ( su padre pastor protestante, murió cuando él era un niño). Su educación fue rígida y tradicional, pero no caló en él. Su infancia la pasó sobreprotegido por su madre, su hermana y sus dos tías trasladándose la familia a Naumburgo, donde realiza sus estudios primarios.
Posteriormente recibirá una sólida formación humanista, basada en el estudio de los clásicos griegos y romanos. Muestra gran sensibilidad por la música.
En 1870 escribe su primera obra importante El nacimiento de la tragedia griega en el espíritu de la música. Por esta época se agudizan los fuertes dolores de cabeza que sufre desde los 12 años.
En 1873 apartado de la docencia debido a sus dolencias, vive con penuria de la escasa pensión que le pasa la universidad. Su hermana es la persona que más influye en su vida, cuidándole y acompañándole en algunos de sus viajes en busca de climas más sanos para su enfermedad.
De 1878 a 1888 desarrolla sus obras más importantes. Sus dolores de se agravan y poco a poco va perdiendo la razón. En 1889 ingresa en una clínica de Basilea, en la que le diagnostican reblandecimiento cerebral y parálisis progresiva. Tiene 45 años. Muere 10 años después de vida casi vegetativa, el 25 de Agosto de 1900, cuando su obra es famosa en todo el mundo.
Su obra se puede dividir en tres períodos: romántico, positivista y crítico. Este último es el más importante (1883-1889) donde desarrolla sus temas centrales y sus ideas más profundas, realizando sus críticas más duras contra la moral, la religión, la filosofía y en general los valores principales de la cultura occidental. La obra que trataremos El ocaso de los ídolos pertenece a este período.
2.- Vitalismo
A mediados del XIX y principios del XX un conjunto de pensadores desarrollaron diversas teorías de oposición al ambiente filosófico positivista y hegeliano, por entonces imperante. A este tipo de filosofías se las conocía como filosofías de la vida. El vitalismo representó la protesta contra el excesivo racionalismo que había imperado a lo largo de la primera mitad de siglo.
El carácter común a las filosofías de la vida va a ser la crítica al racionalismo y la apreciación de la vida. Dentro de esta línea se moverá el pensamiento de autores como Nietzsche, Ortega y Gasset, etc.
3.- Irracionalismo
Se conoce con el nombre de Irracionalismo a todas aquellas teorías que niegan la primacía de la razón en la naturaleza humana. Parten de la afirmación y reivindicación de la existencia de otras facultades de conocimiento diferentes a la razón, facultades tales como los sentidos, la inspiración poética, la intuición, el instinto, los sentimientos y pasiones, la sensibilidad estética, el subconsciente, etc., facultades y formas de conocer y de saber que no parecen poder reducirse ni explicarse por la rígida estructura del discurso racional
4.- La filosofía de Nietzsche.
4.1.- Crítica a la crisis de la cultura occidental.
Nietzsche dio gran importancia a la vida como realidad primera y fundamental. Defendió la dimensión irracional del hombre y realizó una de las críticas más radicales que se hayan hecho en occidente contra la cultura establecida, en todas sus modalidades: filosofía, religión, ciencia, moral, arte, etc. Se trata de un pensador extremadamente agudo y crítico. Para él el espíritu racionalista ha traído la decadencia de Occidente.
En el XIX destacan los efectos de la revolución industrial, el desarrollo de movimientos revolucionarios obreros, herederos de las corrientes liberalizadoras de la revolución francesa, y las revoluciones de 1830 y 1848, extendiéndose las ideas de igualdad entre los hombres y luchándose contra el orden clasista existente. Los ideales del sistema democrático liberal se extienden por todo el mundo (una constitución para cada país, separación de poderes, libertad de prensa, etc). Para Nietzsche estos ideales son la última y más repugnante consecuencia de la decadencia de los valores de Occidente, son hijos de la moral burguesa dominante, la cual está siendo puesta en entredicho por los afanes de igualdad que agitan a los obreros de todas las naciones.
Nietzsche propone una moral individualista y aristocrática. En oposición a las ideas de la época de crear un sistema de convivencia válido para todos, él aboga por unos valores totalmente individualistas, ajenos a las clases sociales. Plantea un aristocraticismo, pero basado no en la sangre o la ascendencia, en la pertenencia a este o aquel grupo, nación o clase, sino en la profundidad y la fuerza de carácter, en la superioridad del intelecto y la voluntad. Para Nietzsche existen diferentes tipos de hombre, pero sólo algunos son superiores y mejores que el resto.
4.2.- El a priori moral de Nietzsche: afirmación de la vida, esta vida
Para Nietzsche existen dos formas de vida básicas: la vida ascendente y la descendente. La vida ascendente es aquella que conduce al hombre superior, y la descendente es aquella que disminuye el valor de la realidad, domina en nuestra cultura. La moral de la sociedad burguesa y sobre todo de la sociedad alemana, son para nuestro autor morales débiles, corruptas, que atacan a todo lo fuerte y vital que hay en el hombre, y premia todo lo débil y afeminado, todo lo que signifique renuncia y conformismo.
Él piensa que la vida es lo primero, y es bueno todo lo que engrandece y malo todo lo que la empequeñezca. Entre sus ataques a los fundamentos de la forma de pensar, de ser y de valorar del hombre europeo, destaca el que realizó a la creencia en una realidad superior, la creencia en un transmundo, en un más allá que nos aguarda, pues esta creencia según él, hace que se desperdicie la única vida que existe, esta que vivimos ahora. Por ello llamará nihilistas, contrariamente a cómo se ha usado el término, a quienes nieguen la única vida que existe en función de una vida que consideran superior, pero que es ilusoria e inexistente. Nihilistas para Nietzsche serán los que crean en el transmundo, es decir, en la nada.
4.3.- El ideal de hombre dionisiaco.
El ideal de hombre que se hace Nietzsche es en un principio el ideal de hombre griego anterior a la filosofía. Nietzsche alaba el genio griego tal y como se refleja en las grandes tragedias, el espíritu dionisiaco. Este espíritu implica el afán de vivir, la pasión, la exaltación de los sentidos y el placer, las aventuras y la agitación. El hombre dionisiaco es aquel para quien el goce y la aventura son lo primero, para quien la fuerza es su primera virtud, aquel que sabe sacar el máximo partido a sus sentidos y a su propio poder, aquel que no se doblega ante ninguna moral superior ni desperdicia su vida en falsos mandamientos. El ideal de hombre dionisíaco representa la afirmación del instinto, del cuerpo, de la carnalidad, de la sensualidad y la diversión, de la vida.
Los valores de una vida ascendente, valores de autoafirmación y autosuperación, no estaban en el ideal de hombre de la época. Los valores que imperan son los de una vida descendente que llevan a la disolución de todo lo bueno, a su negación y que traen consigo la afirmación de lo peor, de lo más bajo.
Según Nietzsche, el hombre europeo se apartó de los valores ascendentes e inició la cuesta abajo, al imperar la moral cristiano-burguesa, radicalización máxima de lo que para él es una moral descendente, decadente. Este descendente lo inició Sócrates al desvalorizar los instintos y los sentidos y afirmar la primacía de la razón, a la que igualó con la virtud.
4.4.- Los tres niveles de crítica nietzscheana.
La obra de Nietzsche consistirá en gran medida en una crítica a los valores propios de la cultura cristiano-burguesa, especialmente en tres frentes: crítica de la filosofía, crítica de la moral y crítica de la religión, estos tres niveles están unidos.
4.4.1.- Método de crítica.
Nietzsche recurre al método de reconstruir desde el inicio el proceso en el cual los falsos valores de la sociedad actual fueron apareciendo y se fueron imponiendo, mostrando sus contradicciones, sus falsedades, los intereses que subyacían en cada momento y debajo de cada valor aceptado, las lagunas que quedan a los lados de estos supuestos valores y la debilidad de los argumentos con los que se intenta justificarlos. Este es el llamado método de las genealogías. Contrapone estos valores con los valores que él defiende y afirma. Su labor fundamental es de crítica, pero también desarrolla una amplia teoría en la que expone la moral que él acepta y en la que desarrolla una serie de tesis originales, como la de la voluntad de poder, el superhombre o el eterno retorno.
Niveles de crítica
Quiere Nietzsche eliminar las fronteras puritanas de la moral establecida y dar paso a una nueva era. Para él el principal error de la moral tradicional es su antinaturalidad, el hecho de ir contra la naturaleza, contra la vida. La moral burguesa es aquella que en virtud de sus normas y leyes se opone a la vida, a los instintos primordiales de la vida, sofocando las pasiones e impulsos vitales debajo de innumerables deberes y obligaciones que esclavizan al hombre impidiendo que su vida sea algo digno de ser vivido.
Para Nietzsche la conciencia moral es el resultado de la inhibición de los instintos agresivos que fue necesario realizar para vivir en sociedad y salir del estado de naturaleza, en el que el hombre no conocía frenos para el desenvolvimiento de sus instintos. La sociedad pone numerosos frenos y prohibiciones a estos instintos, pero estos no desaparecen sólo porque estén prohibidos. Estos instintos lo que hacen es desviarse, y como no pueden exteriorizarse, se interiorizan y se vuelven contra el propio individuo. Esta interiorización genera la mala conciencia (sentimientos de culpa por tener deseos que van en contra lo que establece la sociedad), que es el origen de la moral del rebaño.
Para mostrar el error de nuestra moral, analiza el surgimiento de los conceptos de bien y mal, adoptando el método genealogista, de descubrimiento de la génesis de esos conceptos, lo cual le llevará a plantear la existencia de dos formas de moral contrapuesta: la moral de los esclavos y la de los señores. Lo que para los fuertes y aventureros es lo bueno, para los débiles es lo malo. A los fuertes les gusta el riesgo, la aventura, las emociones intensas, imponer su criterio, cosas todas estas temidas y rechazadas por lo débiles.
La moral de los señores es la moral de los fuertes. El señor es fuerte y poderoso, sabe dominar y dominarse, es duro para sí y para los demás, desprecia la debilidad, la cobardía, el miedo, la adulación, la bajeza, la humildad y la mentira; tampoco estima la piedad ni el desinterés, admira la fuerza, la astucia y la audacia, ama la vida, esta vida, la única que hay. Es una moral que por encima de todo, afirma el valor de la vida y el derecho a vivirla con plenitud. Nace de los estados de alma elevados, es una moral creadora, que engendra valores y por ello es activa, la moral propia de lo que Nietzsche llamará el SUPERHOMBRE, una moral que ama la muerte de dios.
La moral de los esclavos es la moral de la piedad, de la compasión, del desinterés, de la dulzura, de la castidad, de la benevolencia, del pacifismo, de la renuncia, del conformismo y del pesimismo ante esta vida, que provoca refugiarse en un más allá inexistente. Es una moral reactiva, no creativa, funciona por rechazo y no por amor.
La moral de los débiles nace en el alma de los oprimidos e impotentes. Su moral nace negativamente como crítica de la de los señores. Denigran al noble como malo, y alaban aquellas cosas que suavizan su vida de miserables, engañándose con ilusorios premios en otra vida y castigos en el infierno para el hombre superior y vital que impone su voluntad por donde pasa.
Para Nietzsche, el mundo europeo está regido por la moral de los esclavos; pero hay que tener en cuenta que ésta no siempre ha dominado. En los antiguos griegos, antes de Sócrates, regía una moral de señores, al igual que entre los antiguos persas (Zaratustra). Pero a partir del racionalismo socrático, y sobre todo a partir del cristianismo, se produce un creciente ascenso de los valores plebeyos que termina con los movimientos sociales y de emancipación que se inician en la revolución francesa, a los cuales Nietzsche critica al pretender hacer iguales a todos los hombres.
La causa principal de que exista la moral de los esclavos, según él, es el judaísmo y su heredero el cristianismo. Considera que con el judaísmo comienza la rebelión de los esclavos. El cristianismo ha impuesto una tabla de valores invertida a la cultura europea. El fuerte tiende al alejamiento del rebaño, pero el débil tiende a formar rebaños. Por esta tendencia de los débiles a unirse es por lo que prevalecen valores como: la compasión, la misericordia, el sacrificio, etc., valores en los que se manifiestan los instintos de decadencia sobre los de superación.
Contra la moral del rebaño, Nietzsche reivindica la del individualista que tiene la fuerza para conseguir ser sí mismo sin la necesidad de refugiarse en mentiras que hagan menos dolorosa o peligrosa la vida. Para él, la humanidad es el rodeo que da la naturaleza para producir al genio, y ha de ser el genio quien dé sentido a la humanidad, quien la haga superarse e ir más allá de sí misma.
Nietzsche es ateo, nos habla de la muerte de dios. Para él, el ateísmo es consecuencia de factores como: el antropocentrismo, el uso crítico y autónomo de la razón, el anticlericalismo de la Ilustración, el ateísmo de corte mecanicista y el positivismo.
No necesita Nietzsche demostrar que dios no existe. Basta con ver que dios y la moral son enemigos de la vida y han traído la decadencia al mundo. El ateísmo es el paso previo para la liberación respecto de las trabas de la moral que impiden la libre expansión de los instintos de la vida.
Según Nietzsche, toda religión nace del miedo, de las angustias y de las necesidades, de la impotencia que siente el hombre en sí mismo ante un mundo lleno de peligros y sufrimientos. Ninguna religión ha contenido jamás ninguna verdad. El cristianismo lo que ha hecho es fomentar valores como: la obediencia, la humildad, la resignación, la renuncia y el sacrificio. Esto llevó al triunfo de la rebelión de los esclavos orientales (judíos) contra sus señores, rebelión que consistió en una enfermedad para la vida, imponiéndose los valores plebeyos. Nietzsche considera que el cristianismo es el enemigo mortal del tipo superior de hombre. Llevó al fin del mundo antiguo, aniquiló las formas y valores más nobles de la vida y ésta fue invertida transformando toda verdad en mentira.
Para superar este extravío, hay que comenzar por acabar con dios. La muerte de dios es la liberación de un gran peso que abruma al hombre, la idea del más allá, de la trascendencia objetiva. La idea de dios será por lo tanto, lo primero que impide al hombre llegar a ser un hombre superior (el hombre para el cual no habrá valor más fuerte que su propia voluntad).
La muerte de dios no hay que tomarla en sentido literal, pues este no existe, sino en sentido metafórico. La idea de que Dios ha muerto representa un fenómeno cultural, pues los hombres, al menos muchos de ellos, están dejando de creer en él. Lo que supone un golpe de muerte a todo un sistema de valores, caen los pilares que sostenían la tradición, la historia y la cultura occidental.
Para Nietzsche, el cristianismo es una forma de platonismo, de creencia en dios y en una realidad superior. Por ello, la muerte de dios supone la supresión de la trascendencia de los valores, el descubrimiento de que estos son creaciones humanas. El ateísmo tiene para nuestro autor, una función liberadora, nos libra de los preceptos de una moral decadente que ha asfixiado a Europa durante siglos y nos pone en el camino de poder desarrollar nuestra propia moral.
La búsqueda de la Verdad ha sido el objetivo de innumerables hombres, los filósofos. Pero para Nietzsche, no existen verdades objetivas, lo que cada época o cada pueblo consideraba como verdad, lo hacía porque correspondía a sus preferencias o intereses de algún tipo. Cada época y cada pueblo han pensado cosas diferentes y opuestas sobre la verdad. Lo que el hombre llama “verdad objetiva”, no es para Nietzsche sino una creación psicológica teñida de subjetividad, creación humana que los filósofos no reconocen como tal, sino que confunden con la verdadera realidad. La “verdad” ha sido siempre un producto meramente humano.
A la creencia en estas entidades objetivas que están por encima del hombre, como la Verdad, las Esencias, el Ser, el Espíritu o Dios, se ha llegado para Nietzsche, por culpa de un culto desmesurado a la razón. Ella es la que ha creado todo el cúmulo de entidades falsas que quieren presentarse como “la realidad”. Frente a ella Nietzsche reivindica el valor cognoscitivo de la intuición, de los instintos y los sentidos. Fue en Grecia donde se comenzó por la senda pervertida del racionalismo, y fue Sócrates el primero en difundirlo.
Para Nietzsche, SÓCRATES es el asesino de la tragedia, el primer pervertidor de la verdadera esencia del hombre superior. Con su ecuación razón=virtud=felicidad comenzó el engaño. Introdujo a la cultura occidental en el racionalismo, apartándola de la auténtica felicidad producto del instinto, la pasión y no de la razón.
Sócrates es el modelo de hombre teórico, que introduce el espíritu lógico en lugar de la sabiduría instintiva. Es el primero que le atribuyó a la actividad intelectual el rango de actividad más importante del hombre. Frente a lo dionisíaco, Sócrates y sus discípulos defendieron lo apolíneo, el triunfo del orden, de la racionalidad, de la mesura, del equilibrio, de ese término medio que Aristóteles convertirá en clave de una virtuosa vida.
La crítica que hace Nietzsche a Sócrates y la filosofía de Platón (basadas ambas en el predominio de la razón) tiene relación con su crítica a la moral y la religión, puesto que la moral y la religión europea tienen su base en la teoría platónica de los dos mundos: mundo sensible (de la apariencia y la falsedad) y mundo de las Ideas (mundo real y superior a éste). Por culpa del platonismo la atención no se centra en este mundo, el único que existe, sino en uno ilusorio. Se da una evasión del hombre de la vida terrenal.
Por influencia de Sócrates y Platón, la filosofía tradicional es dogmática: considera al ser como algo estático, fijo, inmutable, abstracto y cree que estas características son las que ha de tener la verdadera esencia de las cosas. Como esta realidad no existe en el mundo, ni este tipo de esencias inmutables, universales y eternas, la filosofía tradicional plantea un mundo superior y más verdadero, el otro mundo, que se convierte por error en el sentido y la razón de ser de este mundo. El sentido de esta vida es por lo tanto otra que no existe.
No existen conceptos estáticos, para Nietzsche sólo existe el devenir. Sólo existe el mundo de los fenómenos (para Platón, mundo de las apariencias).De ahí que admire a Heráclito, el filósofo del devenir. Niega por lo tanto el concepto metafísico de Ser, y también la metafísica, por ser la ciencia de éste. Según Nietzsche, si alguna esencia tienen las cosas es la de su temporalidad, accidentalidad y contingencia.
Nietzsche llamará a ese mundo inventado de la metafísica y la religión, el transmundo. La metafísica al crear ese otro mundo lo que hace es negar la única realidad existente, lo cual supone un verdadero nihilismo. Al afirmar Nietzsche que sólo existe este mundo lo que hace es invertir la ontología tradicional y considerar verdadero aquello que la filosofía tradicional consideraba aparente y falso. Lo único real para él es la apariencia, y el mundo de las Ideas, dios, no son sino puras invenciones. La metafísica no es sino producto de la cobardía.
Si existe sólo la apariencia, no puede darse un saber absoluto y definitivo, verdadero. Conocer es interpretar los hechos, evaluar las cosas según las circunstancias en las que ocurren, y puesto que esas circunstancias que afectan a cada cosa son muchas, también son muchas las perspectivas desde las que se pueden enfocar, por lo que el mundo es susceptible de muchas interpretaciones, y la pretensión de tener la verdadera (metafísicos) sólo revela para Nietzsche la ingenuidad y el apresuramiento por creer que las cosas son como nos gustaría que fueran. Interpretar es subjetivar, pues las cosas no tienen naturaleza en sí fuera de nuestra interpretación. Interpretaciones por lo tanto, válidas sólo para cada uno. Pretender que sean generales es de locos, caso de los racionalistas, que han pretendido conocer leyes objetivas de la realidad en sus sistemas metafísicos, pensando haber descubierto la verdad, cuando lo que hacían era proyectar sus anhelos e intereses.
Nietzsche afirma que vive, y ya que vive, lo quiere hacer intensamente, lujuriosamente, diciendo sí a la vida, a la belleza, a la ilusión, al mal, al pecado, al sufrimiento, en cuanto estos aumentan la vitalidad del hombre. Dirá no a todo lo que disminuya la vitalidad del hombre, a los valores actuales en cuanto son dañinos para la vida, dirá no a la ciencia y a la moral. La vida será para él la fuente de las valoraciones adecuadas. Verdadero será lo que potencie la vida y falso lo que la apague.
4.5.- Inversión de todos los valores.
Nietzsche plantea una inversión de todos los valores, una transvaloración completa. La metafísica ha de ser sustituida por la afirmación del devenir. No existen verdades absolutas, sino que todo depende de la perspectiva desde la que se enfoque. En relación con la ética afirma, que no existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos. La moral de los débiles ha de ser sustituida por la de los fuertes, la religión ha de ser eliminada, la única fe posible ha de ser depositada en el hombre. Ha de darse una nueva moral, que se base en el proceso natural del hombre, en la vida. La nueva moral está basada en el deseo apasionado de vivir, en la exaltación por la vida sin traba alguna. No hay que imponer ninguna norma a la vida, sino vivirla a fondo.
La nueva moral se basará en la exaltación de las fuerzas primarias de la vida. Esto es lo que piden los instintos, y en ellos se debe basar la moral. Pero hay que tener en cuenta que estos cambios en la moral y la filosofía no afectan a toda la sociedad. Para Nietzsche la masa siempre formará rebaños y mantendrá falsas creencias que le hagan más soportable la vida, por ello, estos cambios no se dan a nivel colectivo, sino simplemente a nivel individual, en aquellos individuos de naturaleza superior que se atreven a distanciarse del rebaño y a adentrarse en el camino de la libertad y la autoafirmación. Son ideas, las de Nietzsche, dirigidas a unos pocos.
4.6.- La voluntad de poder
La nueva moral del hombre superior reconocerá que lo que rige al hombre es la voluntad de poder, que viene a significar voluntad de vida llevada a su máxima expresión. Es el impulso que mueve a todo lo divino, el afán de dominio, de posesión, de acaparamiento, de crecimiento, de vida.
Para Nietzsche, algunos la reconocen abiertamente y son sinceros en su pensar y actuar, mientras que otros, temerosos y cobardes disfrazan su voluntad de poder en renuncia, alabando su propia cobardía como si fuera una virtud, y posponiendo el cumplimiento de su voluntad de poder para una vida futura, en la que creen que alcanzarán los premios que no son capaces de alcanzar en esta tierra, y donde serán castigados sus enemigos.
A ojos de Nietzsche, la creencia en un dios, en una vida futura, y la renuncia y el sacrificio como método de alcanzarla sólo suponen una forma desviada de voluntad de poder. Reflejada también esta desviación en el ideal de vida cristiana. El hombre que reconoce a la voluntad de poder como mandamiento básico de la vida es el Superhombre
Para él, es necesario darle su vigor y fortaleza a los instintos fuertes del hombre. Hay que crear una nueva especie de hombre, superior, que alcance su propia liberación a través del cambio de todos los valores de la moral del rebaño. Será el anticristo y el antinihilista, el vencedor de dios y de la nada, el superhombre.
El hombre ha de ser superado, y lo será por el superhombre que es la afirmación de la tierra, de la vida corporal, que ama al cuerpo con sus instintos y desprecia al alma con sus ilusiones ultraterrestres. Es el creador de valores, el que decide desde sí mismo qué es lo bueno y que es lo malo, sin imponerse a códigos morales. Es la meta a la que tiene que aspirar el hombre, que es un puente entre el superhombre y el animal. El hombre es el único animal que no se ha llegado a consolidar, está por hacer, evoluciona, pero corre un riesgo, o se vence a sí mismo mediante la superación o vuelve a la animalidad primitiva. Sólo mediante el cambio de todos los valores se podrá llegar al superhombre, afirmando una tabla de valores que esté de acuerdo con la vida, renunciando así al ideal cristiano-judaico-democrático y practicando la moral de los señores.
4.7.- Las tres transformaciones
Para llegar al superhombre, el hombre moderno debe autosuprimirse, y esta supresión pasa por tres fases. En Así habló Zaratustra, hace referencia a ellas a través de la metáfora de las transformaciones del camello, león y niño.
El hombre moderno no es para Nietzsche, sino un animal de carga. Como el camello, cargado con su joroba, el hombre está cargado de prejuicios, de imposiciones, de obligaciones morales, de creencias falsas que le hacen gastar sus mejores energías inútilmente. Ha de romper con estas creencias. El primer paso es la transformación del camello en león. El león simboliza la destrucción de los valores establecidos, lo que creará las condiciones para la realización del superhombre. Hay que comenzar derribando la creencia en dios, y luego acabar con los valores morales y filosóficos propios de los débiles. Aún así, con esto no basta, hay que crear algo mejor. Esto lo refleja Nietzsche en su metáfora del león en el desierto, que tras la destrucción se queda solo. La destrucción no es un fin en sí, sino un medio. Es necesario ir más allá y salir de la negatividad, el hombre ha de volverse creador de valores, que sólo ante sí mismo rinda cuentas. Esto lo expresa el autor a través de la metáfora de la transformación del león en niño. El niño simboliza al hombre capaz de crear, de pensar de forma originaria e inocente, sin prejuicios ni concepciones heredadas, capaz de vivir la vida como descubrimiento y como juego, y no como renuncia o sacrificio. Como el niño, el superhombre tendrá la mirada pura, no contaminada por ilusorias creencias, y su principal objetivo será vivir la vida como un juego intenso que hay que apurar a fondo.
4.8.- La nueva moral
Esta consta de los siguientes valores: ansia de vivir, se valora lo corporal, la salud, el placer, la violencia, las pasiones, el éxito; indeterminación valorativa, el ha de crear sus propios valores, el hombre fuerte ha de crear sus propios valores, está más allá del bien y del mal (relativismo de la moral); vitalismo, lo que favorece a la vida es bueno, y malo lo contrario; la desigualdad, la igualdad del rebaño es despreciable, por lo que el hombre superior dice sí a las jerarquías entre los hombres; fidelidad al sentido de la tierra; voluntad de poder. Estos son los rasgos básicos de una moral aristocrática, de una moral propia del hombre superior, del superhombre.
4.9.- El eterno retorno
Esta teoría fue considerada de tipo casi mística, incluso como una simple alegoría, una metáfora, aunque Nietzsche la consideraba en sentido estricto, y dio fe de ello en muchos de sus escritos.
Lo que plantea no es otra cosa sino la vieja teoría de que todo vuelve a ocurrir, como en un movimiento cíclico (estoicos), de tal forma que cada uno de los momentos de nuestra vida volverán a ser repetidos. Algunos plantean que esta teoría deriva del gran amor que sentía Nietzsche por la vida, por lo que afirmó que se repetiría eternamente.
El substrato científico de esta teoría es bien pobre: decía Nietzsche que este mundo es enorme, pero limitado. La realidad está compuesta de átomos, en número inabarcable para el hombre, pero finito. Pues bien, con un número finito de elementos no puede darse sino un número limitado de combinaciones, y ya que el tiempo es infinito, tarde o temprano todo volverá a repetirse innumerables veces.
Esta tesis es bastante oscurantista y tiene mucho de pseudoreligiosa, contrastando con afán esclarecedor que caracteriza todo el resto de la obra. No parece encajar bien con el resto de la obra del autor, ya que tiene mucho de ilusión, de fantasía desbordada y falta de rigor. Esta falta de concordancia con el espíritu de su propia filosofía, es lo que ha llevado a que algunos la interpreten como una alegoría.
5.-El influjo de Nietzsche y la filosofía de la sospecha.
Nietzsche dejó huella en muchos autores y movimientos, alguna de sus influencias también han sido negativas, como fue el uso interesado que de ellas hizo el nazismo, usando las que le convenían y no atendiendo a muchas otras en las que el pensamiento de Nietzsche era contrario al sistema nazi (su rechazo a la uniformidad, al sometimiento de valores preestablecidos, su crítica al culto al Estado, etc.,). No cabe duda de que mucho de su pensamiento, si se desvincula del resto de ideas, puede ser tomado por grupos radicales de corte fascista y violento, y que incluso muchas de sus tesis pueden sentar mal a alguien que se considere un demócrata.
La dureza de su crítica a la cultura occidental ha servido de referente para conocer el mundo que nos rodea, la historia humana que nos ha tocado vivir. El pensamiento de Nietzsche, al igual que el de Freud y Marx, denominados como filosofía de la sospecha, han planteado siempre que detrás de las nuestras creaciones e ideales, subyacen casi siempre ideales y motivaciones ocultas que son disfrazadas e idealizadas para encubrirlas.
Marx señaló que por debajo de los cambios sociales y de la evolución histórica, de las ideologías y de las instituciones, subyacían siempre motivaciones económicas que determinaban el rumbo de las cosas. Freud demostró que debajo del comportamiento racional subyacía el mundo del inconsciente, con sus fuerzas instintivas y sus oscuras leyes que determinaban nuestra vida consciente, escapándose al control racional. Nietzsche, por su parte, aplicó la sospecha respecto a intereses ocultos del campo de la moral, la religión y la filosofía, coincidiendo con Freud en muchos de sus planteamientos. Estos tres pensadores, consiguieron que el pensamiento contemporáneo abandonara de forma casi generalizada el racionalismo como modo casi exclusivo de conocimiento, y abrieron de par en par las puertas para una comprensión más profunda de la realidad humana. Una puerta que conduce a una sabiduría que según Nietzsche, no está la alcance de muchos, sino de unos pocos.
TEXTO DE NIETZSCHE
EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS
“LA «RAZÓN» EN LA FILOSOFÍA”.
1
¿Me pregunta usted qué cosas son «idiosincrasia» en los filósofos?… Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], – cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, – se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, – incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es… Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. «Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? – «Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, – la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es «pueblo». ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! – Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe (idea fija) de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real! … »
2
Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificación, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eleatas ni del modo como creía él, – -no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración… La «razón» es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten… Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo «aparente» es el único: el «mundo verdadero» no es más que un añadido mentiroso…
3
¡Y qué sutiles instrumentos de observación tenemos en nuestros sentidos! Esa nariz, por ejemplo, de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra disposición: es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni siquiera el espectroscopio registra. Hoy nosotros poseemos ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos, – en que hemos aprendido a seguir aguzándolos, armándolos, pensándolos hasta el final. El resto es un aborto y todavía-no-ciencia: quiero decir, metafísica, teología, psicología, teoría del conocimiento. O ciencia formal, teoría de los signos: como la lógica, y esa lógica aplicada, la matemática. En ellas la realidad no llega a aparecer, ni siquiera como problema; y tampoco como la cuestión de qué valor tiene en general ese convencionalismo de signos que es la lógica.
4
La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final – ¡por desgracia! , ¡pues no debería siquiera venir! – los «conceptos supremos», es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada… Moraleja: todo lo que es de primer rango tiene que ser causa sui (causa de sí mismo). El proceder de algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto – ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui. Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma… Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto «Dios»… Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum (ente realísimo)… ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas! – Y lo ha pagado caro! …
5
-Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros – (digo nosotros por cortesía…) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa, en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, sustancia, causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos en una verificación rigurosa, dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error. Ocurre con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación: en éstos el error tiene como abogado permanente a nuestro ojo, allí a nuestro lenguaje. Por su génesis el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general; cree en el «yo», cree que el yo es un ser, que el yo es una sustancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la sustancia-yo- así es como crea el concepto «cosa»… El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa; del concepto «yo» es del que se sigue, como derivado, el concepto «ser»… Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es algo que produce efectos, – de que la voluntad es una facultad… Hoy sabemos que no es más que una palabra… Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado, llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que esas categorías no podían proceder de la empiria, – la empiria entera, decían, está, en efecto, en contradicción con ellas. ¿De dónde proceden, pues? – Y tanto en India como en Grecia se cometió el mismo error: «nosotros tenemos que haber habitado ya alguna vez en un mundo más alto (en lugar de en un mundo mucho más bajo: ¡lo cual habría sido la verdad!), nosotros tenemos que haber sido divinos, ¡pues poseemos la razón! »… De hecho, hasta ahora nada ha tenido una fuerza persuasiva más ingenua que el error acerca del ser, tal como fue formulado, por ejemplo, por los eleatas: ¡ese error tiene en favor suyo, en efecto, cada palabra, cada frase que nosotros pronunciamos! -También los adversarios de los eleatas sucumbieron a la seducción de su concepto de ser: entre otros Demócrito, cuando inventó su átomo… La «razón» en el lenguaje: ¡oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática…
6
Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.
Primera tesis. Las razones por las que «este» mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, – otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable.
Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al «ser verdadero» de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, – a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido el «mundo verdadero»: un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral.
Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de «otro» mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de «otra» vida distinta de ésta, «mejor» que ésta.
Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo «verdadero» y en un mundo «aparente», ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, -un síntoma de vida descendente… El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues «la apariencia» significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida… El artista trágico no es un pesimista, – dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco…
“CÓMO EL «MUNDO VERDADERO» ACABÓ CONVIRTIÉNDOSE EN UNA FÁBULA.HISTORIA DE UN ERROR”
El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, -él vive en ese mundo, es ese mundo. Platón es el mundo de las ideas ya que el lo ha creado y solo los sabios podrán alcanzarlo.
(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente. Transcripción de la tesis «yo, Platón, soy la verdad».) El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).Ese mundo establecido como verdadero solo podían acceder los que tenían conocimientos, para Nietzsche, Platón era el único que podía acceder porque era el que poseía ese conocimiento.
(Progreso de la Idea: ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible, – se convierte en una mujer, se hace cristiana…) se vuelve cristiana la idea del mundo verdadero
El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero, ya en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.
(En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea, sublimizada, pálida, nórdica, königsberguense).ya la idea de otro mundo empieza a replantearse ya que nunca hemos podido llegar a él.
El mundo verdadero -¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Más bien desconocido. Y en cuanto inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco consolador, redentor, obligante: ¿a qué podría obligarnos algo desconocido?… (Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo.) la razón empieza a dormirse, y está saliendo a la luz que todo tiene que ser comprobado en la experiencia.
El «mundo verdadero» -una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga,-una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla! (Día claro; desayuno; retorno del bon sens [buen sentido] y de la jovialidad; rubor avergonzado de Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres.)
Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿acaso el aparente?… ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente! (Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante de la humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA [comienza Zaratustra].) cambiar valores establecidos, por otros mejores. Cuando eliminamos el mundo verdadero también eliminamos el aparente, porque se borran las dos realidades, ya no queda oscuridad.