La Filosofía Moderna.
El racionalismo es una de las corrientes filosóficas, junto con el empirismo más significativas del siglo XVII. Se caracteriza por resaltar la primacía de la razón sobre el conocimiento sensible. Los rasgos principales de este movimiento son:
René Descartes nació en La Haye (Francia) el 31 de marzo de 1596. Hijo de un parlamentario de Rennes y huérfano a muy temprana edad, fue educado por su abuela materna. Su débil estado de salud contribuyó a que adquiriese el hábito de permanecer en la cama hasta bien entrada la mañana, con lo que tuvo la posibilidad de emplear ese tiempo a la meditación. A los 10 años ingresó en el colegio La Flèche, que regentaban los jesuitas. Estudió filosofía durante tres años según la metodología escolástica.
Después de un tiempo comenzó a sentirse decepcionado por la educación que estaba recibiendo y tras licenciarse en derecho decide comenzar su propia formación.
En 1618 se alistó como soldado y participó en la guerra de los Treinta Años. Abandonó el ejército tras unos sueños que le marcaron el camino que debía seguir. Inicia una etapa de viajes durante 10 años. Fija su residencia en Holanda en 1628 y se dedica al estudio de diferentes ciencias. En 1649 es invitado por la reina Cristina de Suecia y se traslada a Estocolmo, requerido por ésta a las cinco de la mañana, coge una pulmonía por la cual muere.
El sistema filosófico cartesiano no surge de la nada, sino que se establece sobre los cimientos de otro sistemas:
El objetivo de Descartes es unificar las ciencias en un saber único y universal, que sólo puede conseguirse por medio del proceder matemático. Para ello es necesario:
El método consta de cuatro reglas inspiradas en la demostración matemática. El orden de las reglas se basa en las principales operaciones de lamente humana: intuición, deducción e inducción lógica.
Para Descartes era necesario encontrar una verdad evidente a partir de la cual poder construir el sistema filosófico. Decidió recurrir a la duda: dudar de todo con el fin de descubrir si hay algo que resista a toda duda, que se muestre como verdad indubitable sobre la que asentar los cimientos de su filosofía. La duda se caracteriza por:
El primer motivo de la duda es la fiabilidad de los sentidos, si algunas veces nos engañan pueden hacerlo siempre, por lo que no debemos fiarnos de ellos. Este motivo se confirma con la imposibilidad de distinguir el sueño de la vigilia: percibimos el mundo como real, pero vivimos sensaciones similares mientras dormimos.
Un segundo motivo son los propios razonamientos: nos podemos equivocar mientras razonamos, incluso podemos cometer errores en las demostraciones matemáticas.
Pone en duda la propia capacidad de inteligencia: tal vez hemos sido creados por un Dios que nos engaña sistemáticamente, que ha dispuesto nuestra naturaleza de tal modo que creamos estar en la verdad, cuando realmente estamos en el error. Pero Descartes rechaza la idea de que Dios, que es sumamente bueno, pueda engañarnos de tal forma, por lo que sustituye la hipótesis de Dios engañador por la de la existencia de un genio maligno que nos obliga a errar pensando que estamos en lo cierto.
Descartes desconfía de la existencia del mundo, de los objetos externos a él, de su propio cuerpo incluso de las verdades matemáticas. ¿Qué le queda? ¿dónde está la verdad indudable sobre la cual basar el sistema de la metafísica? Lo único que no puede poner en duda es el propio sujeto que duda, el sujeto que piensa en la inexistencia de las cosas.
Pienso, luego existo es tomada por Descartes como el primer principio evidente de la filosofía. Es una verdad clara y distinta de la que pueden deducirse todas las demás verdades. El acto de pensar es lo que es evidente, no su contenido.
Descartes piensa que es una res cogitans, una cosa que piensa. Identifica cosa, res, con sustancia, y la define como aquello que no necesita de nada más para existir excepto de Dios.
Descartes demuestra la existencia de Dios a partir de la idea de perfección. El que yo dude supone que soy imperfecto y ser consciente de mi imperfección implica que existe en mí la idea de perfección.
Las ideas son, por un lado, actos mentales y por otro, imágenes que representan cosas. En cuanto actos mentales son todas iguales, pero en cuanto imágenes que representan cosas se diferencian unas de otras. Las ideas pueden ser de varios tipos:
Por lo tanto, la idea de perfección para él no puede ser adventicia, no existe nada exterior a él que sea perfecto, tampoco es facticia, no posee elementos para crearla, debe entonces innata, puesta en su interior por un ser que posee la cualidad de la perfección: Dios.
El hecho de dudar muestra para Descartes que es también un ser finito. La idea de finitud se debe referir a la de infinitud. Dicha idea según él no puede proceder de sí mismo, ya que ni él ni nada de lo que lo rodea posee esa característica. Esta idea sólo puede proceder de un ser infinito. A partir de aquí concluye la necesidad de que Dios exista.
Queda demostrada la existencia de Dios y la existencia del sujeto que piensa. Descartes piensa que Dios sumamente bueno, no puede engañarnos con respecto a la existencia del mundo exterior o sobre la existencia de los conocimientos matemáticos. ¿Por qué nos equivocamos entonces? Nuestros errores se deben a la precipitación con la que llevamos a cabo nuestros razonamientos y deducciones.
Hay dos tipos de sustancias finitas: res cogitans, el alma y la res extensa, el cuerpo. A cada sustancia le corresponde un atributo o esencia. La res cogitans es una cosa que duda, imagina y siente. Nuestro conocimiento está constituido por un yo que piensa ideas. El atributo del alma es el pensamiento, lo cual se demuestra a través de la ficción mental, no puedo fingir que no pienso. El atributo de los cuerpos es la extensión. Así de la misma forma que no puede imaginarse un sujeto que no piensa, no se puede concebir un cuerpo sin longitud, anchura y profundidad, que son las características de la extensión. Las variaciones de la sustancia reciben el nombre de modos. Los modos del cuerpo son la figura y el movimiento. De esta forma reduce el mundo a una estructura matemático-geométrica. Descartes diferencia entre las cualidades primarias, objetivas (extensión, movimiento) y las cualidades secundarias, subjetivas (color, olor, sabor).
El mundo es concebido por Descartes según el modelo de la máquina: todo se reduce a materia y movimiento. El movimiento lo entiende como el cambio de posición de los cuerpos causado en último término por Dios y regido por tres importantes leyes: ley de inercia: los cuerpos en movimiento sólo cesan de moverse por acción de otros cuerpos; la ley del movimiento en línea recta: todo cuerpo en movimiento tiende a moverse en línea recta si no le influye ninguna recta, y la ley de choque: si un cuerpo en movimiento se encuentra con otro cuerpo de menor fuerza de movimiento se detiene, mientras que si la fuerza del otro cuerpo es mayor, se verá arrastrado por él.
La relación entre la sustancia pensante y la sustancia extensa, entre el alma y el cuerpo, la intentó solucionar apelando a un centro fisiológico: la glándula pineal, que orienta el movimiento e influye sobre el alma. Pero no explica cómo es posible la interacción en dicha glándula.
Se plantea si será posible aplicar el método de la duda a la moral, pero mientras en la especulación se puede suspender el juicio hasta encontrar los principios fundamentales, la urgencia de la acción no permite esta licencia. Por ello decide mientras tanto proceder a configurar una moral provisional que consiste en seguir una serie de máximas que sabemos inciertas como si fueran indudables:
Lo que pretende Descartes a través de la filosofía es fundar la libertad en la razón, a fin de que su uso racional haga posible alcanzar la felicidad y la perfección humanas.
Son para Descartes percepciones o sentimientos que hay en nosotros y que afectan al alma sin tener su origen en ella. Su origen se halla en las fuerzas que actúan en el cuerpo, espírtus vitales. Las pasiones son: involuntarias, su aparición escapa al control y al dominio del alma racional, ya que no se originan en ellas. Inmediatas y no siempre racionales, no siempre son acordes con la razón, de ahí que puedan significar para el alma una cierta servidumbre.
Aquí hace referencia Descartes al autocontrol. Por lo demás, Descartes no es negativo ante las pasiones, no las rechaza o las erradicas por el mero hecho de su existencia, lo que plantea es controlar la fuerza con la que intentan arrastrar la voluntad de modo inmediato, sin dar lugar a la reflexión razonable.
La tarea del alma en relación con las pasiones será de someterlas y ordenarlas conforme a la razón. La razón muestra el bien, el criterio adecuado respecto a las pasiones y la fuerza necesaria para oponerse a ellas, a través de juicios firmes y determinados, referidos al conocimiento del bien y del mal.
El yo como sustancia pensante se reduce a dos facultades, el entendimiento y la voluntad, la cual se caracteriza por ser libre.
Para Descartes la libertad no es la mera indiferencia ante las posibles alternativas que se ofrecen a nuestra elección, la pura indiferencia entre los términos opuestos no significa perfección de la voluntad, sino imperfección e ignorancia del conocimiento. La libertad no consiste tampoco en la posibilidad de negarlo todo, decir a todo que no. La libertad consiste en elegir lo que es propuesto por el entendimiento como bueno y verdadero.
La libertad no es la indiferencia ni la arbitrariedad, sino el sometimiento positivo de la voluntad al entendimiento, que descubre el orden de lo real, procediendo de un modo deductivo-matemático.